Beneficios a mi familia y mi hogar, "giving back" al planeta / Parte 2



En la última entrada les dije que esto sería una serie de 4 partes, hablando sobre los cambios que he ido haciendo en la casa con el propósito de continuar la transición a un hogar mas ecológico. Anteriormente había escrito sobre la importancia de un huerto casero, o un huerto urbano. La realidad del caso es que hacía mucho tiempo moría por hacer uno en casa, pero para ser completamente honesta, SOLO ME HABIA SOBREVIVIDO UN CACTUS.




Así que, durante este proceso, decidí que era el momento de meter las manos en la tierra y buscar la manera de que las plantas pudieran sobrevivir a mi lado. ¿Que hice? Pues, como soy medio desesperada, compre algunas plantas ya listas para trasplantar. Pimientos, Tomates, Recao, Albaca, Pepino, calabaza, etc… y fui tanteando. Se me murió el cilantro, y la verdad es que al sol de hoy no se que le hice; pero, las demás continúan a mi lado.


No voy a entrar en detalles de cómo cultivar porque entiendo debería dejar eso en manos de los expertos, no vaya a meter la pata y a decir lo que no es. Pero si les puedo decir unas cositas que he ido aprendiendo en el proceso. Aprendí que se les echa agua a las plantas tempranito en la mañana, antes que el sol azote, o tarde en la tarde, cuando el sol ya ha bajado y no quema. También aprendí, que las plantas como seres vivos “sienten” así que le hablo a mis plantas, y les digo lo hermosas que son cada día, y cuando no estoy full en el modo, entra la salvadora de mi hija a toma ese rol. He aprendido que no es tan difícil como pensaba, solo que necesitaba paciencia y un grupo de apoyo para no sentir que me estaba tirando sola de pecho hacia lo imposible. Acepté que se aprende sobre la marcha y que como todo es un proceso.




Tomando en cuenta que todo es un proceso, me armé de valor y me atreví a sembrar unas semillas. Me he reafirmado una vez mas de cuanto se aman los hijos, porque mis queridísimos gemelos, que tanto amo, me arrancaron las semillas que iban germinado, de remolacha y zanahorias. Se adquiere amor por las plantas sin darse cuenta, al punto de que con la tormenta que vino a chavar el robusto sistema de energía eléctrica de la Isla, salí corriendo con el primer aguacero a recoger mis plantas en medio de la lluvia. Parecía una loquita en ese proceso. Ahora, debo admitir que las plantas AMAN el agua de la lluvia; se ponen tan divas cuando llueve, que es un espectáculo. De esto les hablo en la próxima entrada.


Si al igual que yo pensabas que tenias una mano del hombre de piedra, y que toda planta que tocas va a morir, te invito a que des el primer paso HOY. Es sumamente satisfactorio el saber que estas sembrando para tu familia y el orgullo que vas a sentir cuando coseches ese primer pimiento, ese primer tomate ese primer guineíto… es un sentimiento fuera de la norma.


Te espero en la próxima entrada, y recuerda, que tu cambio no tiene que ser perfecto, pero debe ser constante. Trabajemos juntos para normalizar el cultivar nuestro alimento e intercambiar frutos con otros que hacen lo mismo. Vive con propósito, actúa con consciencia y contagia a los que tienes alrededor.

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